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El Arte y la Tecnología, una brecha cada vez más estrecha.

El Arte y la Tecnología, una brecha cada vez más estrecha.

Siempre se ha pensado que Arte y Tecnología son esfuerzos del hombre que siguen cursos diferentes, pero a lo largo de la historia no siempre ha sido así.

El más importante artista del Renacimiento, el florentino Leonardo Da Vinci fué, además de pintor, escultor y filósofo, uno de los más grandes tecnólogos de su tiempo. Más allá de La Gioconda, sus esculturas y sus sofisticados dibujos sobre el funcionamiento y anatomía del cuerpo humano, hizo un sinfín de diseños de máquinas muy avanzadas para su tiempo.

Los impresionistas franceses nunca hubieran podido hacer su trabajo sin la invención de los tubos portátiles de pintura que les permitieron pintar al aire libre.

Tampoco nunca se hubieran podido desarrollar obras arquitectónicas tan espectaculares como “La Sagrada Familia”, “el Parque Guell” o “La Pedrera” de no ser por una genial integración del arte y la técnica, como la alcanzadas por el gran artista y arquitecto catalán Antoni Gaudí. Ni hubiéramos podido disfrutar de las obras del gran maestro del Pop Art, Andy Warhol (Andrew Warhola), de no ser por la serigrafía. Y menos, del más recientemente alarde de arte y tecnología de las últimas décadas, el Apple Macintosh de Steve Jobs y Steve Wozniak, con su artística, poderosa y revolucionaria interfaz gráfica y sus delicadas fonts Geneve.

Son muchos los momentos a lo largo de la historia donde ARTE y TECNOLOGÍA han coincidido para caminar juntos hacia grandes realizaciones.

Hoy día, el mundo de la tecnología ha penetrado museos, galerías, el atelier de artistas, la industria de la música y muchos otros ámbitos a través de computadoras, dispositivos móviles y teléfonos inteligentes.

Y así vemos en distintos espacios, obras de arte a partir de piezas de Instagram, collages con selfies, video-art, instalaciones interactivas con láseres, hologramas, música para “tocar” y sonidos envolventes.

En el Museo Whitney de Arte Americano se pueden apreciar una “video escultura” con un comentario sobre identidad racial y cultural y videos interactivos de cómo Twitter modula la oferta televisiva.

Otro tanto se puede encontrar en el Museo de Arte Digital MORI Building de Japón, un museo donde no hay pinturas ni esculturas tradicionales. Todas las obras son digitales e interactivas, activadas por sensores de movimiento y se proyectan en pisos, paredes y techos con música y sonido ambiente en experiencias digitales caleidoscópicas.

Para Rob Anders, Chairman de Niio Art, “el arte digital será el medio más importante de esta generación, un medio que alcanzará e inspirará a la más grande audiencia posible, como alternativa a tanto ruido digital que nos rodea”.

Las manifestaciones del maridaje entre arte y tecnología no tienen límites, desde esculturas creadas digitalmente y llevadas a la realidad mediante impresoras 3D hasta flashmobs, algunas de ellas financiadas por crowdfunding, como lo reporta el sitio KickStarter que hace varios años (en 2011) logró captar casi 100 millones de dólares para compromisos de más de 27.000 proyectos artísticos.

Al decir del curador Hans Ulrich Obrist, codirector de la Galería Serpentine, no es fácil “predecir o prescribir el futuro del arte”. Algo sí es cierto, el gran arte siempre nos sorprenderá.

 

 

Autor: Julio Juárez Soriano
Especialista en Redacción
Departamento de Marketing Interfell

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